Por Alejandro Crotto.
Yo simplemente soy el lápiz
con el que a veces Él dibuja justo al borde
de unos labios tirantes un principio
de sonrisa. Eso basta.
Sé bien que aunque esté en mí
como un tesoro que crece si lo gasto,
esta mina no es mía, ni este pulso
en el que poco a poco voy quebrándome.
En la celda, velando, la otra noche
sonreía al pensar en las semillas:
cerradas en su noche, sin saber.
Después dormí en sus ojos.
Él insistió en guardarme
en vez de en un cajón, en sus pupilas.
Alejandro Crotto
