Por Agustín Eugenio Acuña.
No, querido lector, no es este el lugar para analizar (léase cargar) al subcampeón del mundo de fútbol ni nada por el estilo, sino simplemente para compartir mi escasa experiencia en cine y series del país europeo.
Con Francia tengo una relación más cercana que con otros países porque en el colegio tradicional católico al que asistí toda mi educación básica, se enseñaba francés y no inglés. Por supuesto, esto era ir a contramano del mundo en esa época, lo que me obligó a tomar clases en un instituto particular para aprender la lengua de Shakespeare. Eso sí, no era un capricho ir a contracorriente, sino el producto de la inercia de la tradición: la institución había sido fundada por curas franceses.
Cuando uno aprende un idioma, no solo aprende a hablar o a escribir o (los más afortunados) a escuchar en esa lengua extranjera, sino que experimenta toda una apertura a un mundo nuevo: otro país, otra cultura, otras costumbres e, incluso, por qué no, otra forma de ver el mundo.
¿Son los franceses engreídos y creídos? ¿Es verdad que cuando vas a Francia y osas hablar en inglés se hacen los que no lo entienden a propósito? ¿Son tan malos para atender como los imita el personaje norteamericano de Russell Crowe en una escena de la maravillosa A good year (2006)? ¿Es verdad que no se bañan? ¿Y que las mujeres no se depilan? Uno tiene todos esos estereotipos y preconceptos dando vueltas. Supongo que con el tiempo (y los viajes), uno se los irá sacando de encima. O no, como un amigo mío que supo estudiar en el país de los galos.
Debo confesar que Francia siempre estuvo presente en mi casa, a través de una pequeña miniatura de la Tour Eiffel. Mi mamá arquitecta, la ponía en el living de adorno y, creo recordar, el pequeño objeto lo había traído de souvenir uno de mis hermanos, el único afortunado que aprovechó la convertibilidad y viajó con rugby a una gira europea. A mí me tocó la crisis del 2001. Cuando fui mayor me enteré que los franceses detestaban en su momento la torre, que hoy es uno de los símbolos más conocidos en el mundo entero de su capital, París.
Antes que el cine francés ingresara en mi radar, lo único que sabía era que tuvo a Michel Platini como un gran jugador, antes que el mago Zinedine Zidane, a quien vi aplastar al Brasil de Ronaldo, brillar en el Real Madrid y, ya en el cierre de su carrera, bailar a Brasil para, en un rapto de ira, tirar todo por la borda con ese inolvidable cabezazo a Materazzi. Sí, también al loco de Eric Cantona, ídolo noventoso del Manchester United, mucho más que un futbolista admirado por el mismísimo David Beckham, como leí en su biografía.
¿Pero qué más conocía de Francia? A Charles De Gaulle, por supuesto y al infame Philippe Pétain, según mi padre. ¡A Napoleón Bonaparte, obviamente! ¿Quién no estudió al genio francés en el colegio, con la “Farsa de Bayona” y a su hermano José, alias “Pepe Botella”?
Sí, sí, estaba también en los programas la Revolución Francesa, la toma de la Bastilla y demás. Quizás influido por mi padre, siempre tendí a menospreciar eso, pues, luego, como él decía “luego volvieron a la monarquía y borraron con el codo lo que escribieron con la mano”. Sí, una simplificación, pero déjeme ser, querido lector.
Ya en la universidad (o en el verano previo) me enteré de Rousseau, Montesquieu y Bodin. El contrato social, traducido por Mariano Moreno, lo leí rapidísimo. El espíritu de las leyes, del barón, es una cuenta pendiente. Al igual que La Democracia en América de Alexis de Tocqueville. Los conceptos sobre soberanía de Bodin los aprendí en primer año de Abogacía.
Ahora que lo pienso, mi ¿animadversión? ¿antipatía? ¿no tan simpatía? por lo francés debe haber venido de mi padre, sin duda. Admirador de Estados Unidos de América, siempre tendía a poner en duda los méritos de los galos. En rugby, historia o en cualquier otra área. Quizás por eso al famoso “Mayo francés” siempre le hice precio: recuerdo haber leído que pese a todo lo revolucionario que decía haber sido, al final nada cambió. De Gaulle disolvió el parlamento y ganó abrumadoramente las elecciones. Incluso luego, los líderes de la revuelta estudiantil terminaron formando parte del establishment. Con quien discutí esto me lo terminó reconociendo, amargamente, aunque intentando rescatar el evento como “un hecho histórico importante”.
La verdad es que mi padre, al menos en lo que hace a literatura, no tiraba abajo lo francés, sino todo lo contrario. Quizás por eso me hizo descubrir al gran escritor francés René Barjavel, creador de “la paradoja del abuelo” en el libro que infructuosamente intento conseguir en español y me resisto a la locura de leerlo en francés, Le voyageur imprudent (1943). La recomendación paterna hizo que me devorara La Nuit des temps (1968), un libro maravilloso ambientado en la Antártida, que además de ciencia ficción tiene amor. Ya más grande, consumiría Le grand secret (1973) sobre la inmortalidad y Une rose au paradis (1981), sobre el fin del mundo.
Mi padre también me compartió su afición por Julio Verne. ¿Hace falta decir quién fue Verne? No, no solo es el que inspiró al Doc Emmet Brown el nombre de sus hijos en Back to the Future Part III (1990). Si no ha leído nada suyo, deje esto inmediatamente y agarre cualquiera de sus novelas más famosas como Cinco semanas en globo (1863), La vuelta al mundo en ochenta días (1872), 20.000 leguas de viaje submarino (1869), Viaje al centro de la tierra (1864) o Miguel Strogoff (1876). No se arrepentirá. Y si por ventura considera que la ciencia ficción o las aventuras no son lo suyo, si le gusta más la oscuridad y la opresión de la pluma, encare la inicialmente rechazada París en el siglo XX (1994).
No es malo todo lo francés y mi padre exageraba, por supuesto. Así recordé a Astérix y Obélix, simpáticos personajes que tocan la fibra emocional de cualquier francés, que se reconoce como sucesor de los galos, con orgullo, a pesar del infame Julio César, con su conquista y muerte de su líder, Vercingétorix.
Pero no todas eran rosas en la Francia a la que llegaba vía la literatura. Mi padre puso en mis manos Papillon (1969) de Henri Charrière y así conocí el oprobioso sistema carcelario francés, instalado en su colonia latinoamericana de la Guayana francesa. Por supuesto, la novela autobiográfica es hermosa si se la encara como lo que es: la narración del escape de prisión de un hombre que tiene una resiliencia admirable, en el medio del infierno.
Obviamente, en cuanto a cine, lo que me llegaba de Francia era todo mediado por Hollywood. Así descubrí lo hermoso que era enamorarse en París con Midnight in Paris (2011) y, por supuesto, lo mucho que ignoraba sobre la cultura francesa. O esa locura que era la Legión Extranjera Francesa, en Legionnaire (1998) con Jean-Claude Van Damme, que puso imágenes en movimiento a los dibujos de historieta en mis recuerdos de Aquí, la legión (1976) del genio de Robin Wood (1).
Solo hace poco, al ver dos documentales sobre Thomas Sankara el “Che Guevara africano”, descubrí lo oscuro que fue el imperio francés en el vínculo con sus colonias de África durante muchísimo tiempo. Tanto Thomas Sankara, la revolución asesinada (2011) y Thomas Sankara: The Upright Man (2006) están en YouTube (2).
No doy más vueltas y encaro la tarea prometida, que es, sin duda, corta, pues son solo tres películas y tres series francesas. Me parece que hay para todos los gustos, anímese y rompa estereotipos y preconceptos. Francia, segundo, tiene mucho que brindarnos.
1) Le Ballon Rouge (1956)
¿Cómo? ¿Una película casi muda que cuenta la historia de un niño y un globo rojo? ¿En serio? Sí, así como lo lee. La propuesta puede intimidar en un mundo donde son todos efectos especiales y diálogos que se la dan de inteligentes, pero vale el intento escapar a la envolvente realidad con un viaje al París de mitad del siglo pasado.
Anímese, que ver esta película (mediometraje dicen los que sabe) solo le robará poco más de media hora de su tiempo. Además, está disponible en YouTube (3), la cosa es fácil, yo tuve que verla en VHS en una videocasetera (sí, una antigüedad).
Si no lo convencí hasta acá, debo agregarle que la cinta, dirigida por el cineasta Albert Lamorisse, ganó el Oscar a mejor guión original y la Palma de oro a mejor cortometraje en el Festival de Cannes. Dicen los que saben que son premios importantes. Si al menos valora la cultura meritocrática de los premios cinematográficos, quizás le dé curiosidad y se haga tiempo para verla. ¿Disfrutarla? Eso es más complejo, como se dice por ahí…
2) Disparu à jamais (2021)
Otra miniserie francesa de misterio y crímenes (mi esposa es abonada a los policiales y me arrastra con ella). Está basada en una novela de Harlan Cobe. El argumento, basado en la tragedia de Guillaume Lucchesi, que hace diez años perdió a su primer amor y a su hermano pero que ahora enfrenta una nueva pérdida, no dice mucho. Sin embargo, a medida que se avanza, la trama se va complejizando y dando vueltas. Ahora, lo que rescato es que muestra un lado de Francia que no tenía en el radar: la de los excluidos por el sistema, la de los que se encuentran en riesgo, pues como trabajador social, Guillaume está en contacto con toda esa parte de la sociedad que otra parte elige directamente hacer como que no existe.
3) Le placard (2001)
Gran comedia con Gerard Depardieu antes que se hiciese ruso para evadir los impuestos astronómicos de su Francia natal. Pero vamos a la película, que, si no le provoca una catarata de carcajadas probablemente es porque no es lo suyo el humor que propone.
¿De qué va El placard? Pues empieza siendo la descripción de un pequeño hombre, François Pignon, que básicamente está inmerso en un fracaso absoluto en su edad adulta: todo mal con su esposa, con su hijo y con su trabajo. A punto de ser despedido por una de esas famosas “reducciones de personal”, gracias al consejo del personaje de Depardieu, su vecino, hace una “jugada maestra”: dice ser homosexual para, con eso, provocar el pánico de la compañía, que no se anima a echarlo, con el riesgo de una demanda por discriminación. A partir de la insólita estrategia de Pignon, su vida parece dar un vuelco de 180º y mejorar en todos los aspectos, pero por supuesto, en el medio, con todas las situaciones graciosas que se pueda imaginar. Si quiere reírse, no lo dude, véala.
4) Les papillons noirs (2022)
Un anciano contrata a un escritor que tiene un bache creativo como ghost writer para escribir su historia de amor con Solange. ¿Qué puede tener de interesante una miniserie de tan solo seis capítulos con un resumen de algo tan aburrido? No se deje engañar por las apariencias. Esta serie francesa tiene detrás de eso un thriller de suspenso espectacular, que incluye el obvio raid delictivo pero ambientado muy bien en los setenta. ¿Vueltas de tuerca y cambios de ritmo? Los hay. ¿Escenas de violencia y sangre a lo Quentin Tarantino? A borbotones. Llega un punto en que claramente el accionar de los protagonistas es deleznable y créame, no sabrá quién lo es más, pero no podrá dejar de verla. Eso sí, endurezca el corazón para encarar la oscuridad de esta miniserie.
5) Incendies (2010)
Llegué a esta película muchos años después de su estreno, gracias a la recomendación de una colega y si bien es publicitada como canadiense, también es francesa. Basada en una obra de teatro traducida como La mujer que cantaba del dramaturgo Wajdi Mouawad, le hice caso y la vi. La historia puede parecer anodina, e incluso, relacionada levemente con el derecho, pues todo empieza con el testamento de una mujer recientemente fallecida. Su hijo y su hija, mellizos, reciben como misión la de entregar dos sobres, uno a un padre desconocido (que creían muerto) y otro a un hermano cuya existencia no estaban enterados. No se deje engañar, es lenta, pero todo tiene su tiempo. Dennis Villeneuve dirige magistralmente la historia, que va avanzando poco a poco hasta explotar en la cara del espectador.
Si le impresiona la violencia, no la vea. Si no le gusta la crudeza, no la vea. Si detesta la guerra y sus abusos, no la vea. Si odia las prisiones, no la vea. Si lamenta las vueltas de tuerca y giros en la trama, no la vea. Si evita los dramas, no la vea. Si le espantan los conflictos de identidad, no la vea. Y, a pesar de todo eso, véala igual. Quizás no le guste, pero seguro le servirá para sacarse la modorra entre tantos finales felices y filmes que explotan historias perfectas.
6) Lupin (2021)
Cuando me enteré de la existencia de esta serie, que en su momento hizo furor en Netflix, no caía de mi asombro. No concebía que pudiese haber otro caballero ladrón que no fuera el Fantomas, la amenaza elegante, como se popularizó en México vía Editorial Novaro (no me pregunte el lector cómo me volví consumidor de esta historieta, pues merece otro espacio al igual que el enmascarado francés). Sin embargo, así era, Arsène Lupin, un personaje creado por Maurice Leblanc era su antecesor: bien vestido y maestro del disfraz, posiblemente habrá servido de inspiración para la versión mexicana que transformó al villano francés en héroe popular.
¿Bueno, pero y de qué va la serie? Sí, a eso iba. La serie es sumamente divertida, ágil y cuando cree que todo cierra, gira y da una vuelta de tuerca. Assane Diop, es el Lupin en tiempos modernos, un ladrón profesional sofisticado, que usa su ingenio y sus habilidades, pero no solo para robar y tener un buen pasar (que lo tiene), sino con un propósito más elevado. ¿Cuál? Pues limpiar el buen nombre de su padre, Babakar, que, siendo chofer del riquísimo Hubert Pellegrini, termina en la cárcel acusado de un robo que no cometió (sí, hasta acá es trillada la cosa). El huérfano Assane con el tiempo librará una guerra sin cuartel con Pellegrini, al mismo tiempo que deberá encargarse de sus vínculos (complejos, como todos) con su hijo, su exesposa y la hija de su enemigo. Obviamente, todo ambientado en la hermosa París. Véala, no se va a arrepentir.
Agustín Eugenio Acuña (35)
Abogado que intenta ver cine y series
agustin.eugenio.acuna@gmail.com
(1) Si no sabe qué es lo que escribí, ingrese a https://ugamremile.blogspot.com/2016/09/aqui-la-legion-serie-completa-robin-wood.html y descubra por usted mismo la magia de una historieta histórica. Probablemente no termine de leer esto, pero no importa.
(2) El primero acá: https://www.youtube.com/watch?v=G7Vlt41HPUE y el segundo, aquí: https://www.youtube.com/watch?v=OzHYwQdLg4M.
(3) En este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=VexKSRKoWQY.
