Por Santiago Legarre.
Al despegar de Samburu, mi compañero de asiento —un hombre grande, con colita canosa, anteojos y algún que otro aro— me saluda y pregunta con acento británico dónde me alojé en estos días. Le contesto, pero está más sordo que una tapia. Me llega a decir que había estado varias veces en Buenos Aires “por trabajo”.
A mi izquierda, una mujer de mi edad. Comenzamos una breve charla en inglés. Es suiza y vive entre Zúrich y Basilea. Pasamos a hablar en alemán. Cuando mi vocabulario ya casi se agota, le digo en broma que puedo cantar una canción alemana. Su respuesta me pareció chocante:
“No. Por favor no cantes nada”.
Y siguió así ella, y comenzó a develarse una historia hasta ahora escondida:
“Ellos”, y señaló a dos chicos sentados más adelante, “y ellos”, y señaló a dos adolescentes en la fila de atrás, “son muy musicales; así que, si cantás acá, se puede transformar el avión en un concierto. Además, él”, y señaló al señor sentado a mi derecha, el que estaba bastante sordo, “es también músico y toca en una banda”.
“¿Tu papá?”, le pregunté.
“Mi marido”, contestó con la naturalidad de quien está acostumbrada a esa confusión.
Y entonces me contó que se trataba de una banda conocida… muyconocida.
La banda con la que había venido “por trabajo” a Buenos Aires.
Entonces ella dudó y luego le gritó a su marido que parecía su padre:
“Darling, sorry, I told him about your work. Perhaps you can tell him more.”
Resultó que el señor era… ¡el bajista de Deep Purple!, compositor con sus compañeros de banda de Smoke on the Water, canción que él bautizó hace mil años, justamente en Suiza.
De inmediato, en medio de mi sorpresa alucinada, empecé a tararear para él los magnéticos acordes con los que arranca el tema; y después canté el ritmo de la batería.
“It is okay, it is okay; you got it”, me interrumpió; y empezó una charla que duró la hora de nuestro vuelo a Nairobi.
Hace 50 años, Roger, el bajista, vino a Kenia con su mujer de entonces. Fueron a Samburu (donde nos conocimos en la pista de despegue) y quizás en Samburu mismo su mujer quedó embarazada de la primera hija, que nació nueve meses después en Londres.
Luego de varios divorcios, Roger conoció a su actual esposa en un vuelo de Swissair, donde ella era azafata. A los casi 40 años de ella, y 65 de él, se casaron y tuvieron dos hijas que hoy tienen 14 y 10 años. Las dos viajaban en nuestro pequeño avión junto con la hija mayor de 50 y los dos hijos de esta. Estos dos, de la misma edad que sus… tías. Los cuatro chicos parecían funcionar en perfecta armonía, al igual que la esposa de Roger y su primera hija, que apenas se llevan unos años.
“Soy tan afortunado. Tengo aquí conmigo a mis hijas y a mis nietos. Quise festejar mis 80 años trayéndolos a todos a esta África maravillosa a la que ya había venido hace 50 años”.
El destino quiso que al día siguiente voláramos todos juntos de Nairobi a Londres. Para colmo, Roger se sentó dos filas delante de la mía.
Nos veremos en el próximo tour de la banda por Argentina…
Por Santiago Legarre (57)
Para Sed Contra
Samburu Kalama, miércoles 6 de agosto de 2025
