De la Atlántida, la Teoría Atómica y el colectivo de la semana pasada

Por Joaquín Muñoz.

A ver ingenieritos del mundo si alguien me ayuda, dado que estuve soñando despierto por mucho tiempo y se me ocurrió una gansada, que me gustaría saber bien bien, por qué es que es una gansada (es evidente que lo es). Sin entrar en demasiados detalles y sin hacer eco de las risas que puede llegar a despertar dicho pensamiento, paso a comentar lo que el otro día estaba pensando.

No se por que razón, aunque la película de “Atlantis, en busca del imperio perdido” de Disney puede llegar a calificar como causa fundamental, me puse a pensar en la Atlántida. Un breve resumen sobre la Atlántida según mi vago conocimiento general podría ser: Atlántida es una civilización antiquísima y aún así, extraordinariamente avanzada en concepto de ciencias e ingeniería, de la cual siempre hubo rumores y no faltó quien, con mucho coraje y pocas esperanzas, salió en su búsqueda. Platón habla al parecer de ella en algún libro que nunca me interesó leer, y que más tarde me enteré cuando leía “Indiana Jones y las llaves de Atlantis”, o jugando el juego del mismo nombre (súper). La Atlántida aparece en innumerables libros de aventuras, así como en textos de parásitos sociales que ya no sabían con qué currar y reinciden, como tantos otros antes que ellos, en un tema sin nada nuevo hace rato, pero con mucho por descubrir. Hay quien dice que la Atlántida se hundió con la separación de los continentes y así quedaría en algún lugar por debajo del Océano Atlántico, que no por nada se llama así; otros dicen que estaba en donde hoy queda la isla de Santorini, en Grecia, y en la última erupción de dicho volcán desapareció todo; algunos dicen que queda en Creta, otros en el Caribe, y gente como yo, que piensa que es sólo otra estrategia de Marketing como lo son el día del niño, el día de la mujer y los derechos humanos. ¡JA! eso último fue un chiste.

Bueno, salteándome un tanto del bla bla, sigo con lo que yo pensaba esa gloriosa mañana de julio. Se me ocurrió pensar que la masa es un tipo de energía, como lo es la energía eléctrica, la cinética u otros tipos de energía. Ahí mismo se me vino a la cabeza la idea del big bang y dije, “¡Pucha, podría ser que era entonces todo verdad!”, es decir, que de dos corrientes de energía cósmica en colisión que nunca nadie va a saber de dónde vinieron, se originó todo lo que pasea por el universo, incluyéndonos a nosotros dos, mi casa, mi mouse, y todo el resto de las cosas. Ya me perdí un poco con este último pensamiento; no era lo principal que quería decir. Más tarde quizás vuelva a eso.

Como decía, si la masa es un tipo de energía, supuse que hay formas de almacenar y, sobre todo, de transformar esta energía en otros tipos de energía. Otra vez me suena la campana y pienso, con mi limitado conocimiento, claro está, “¡Santos núcleos atómicos, Batman!”, si uno pudiera ver en dónde está esa masa, y de qué manera algo que al parecer es masa se convierte en energía, uno estaría rozando la teoría atómica. De cómo un átomo libera energía cuando se rompe, o con eso nos mienten. Y me puse a pensar qué materiales se usaban para las cosas atómicas; eso es, Plutonio, Uranio y otros metales que nunca, con suerte, vamos a tener la suerte de conocer. Todos estos metales, dicho sea de paso, son los más pesados en la tabla de Materiales. Con lo cual, me vuelve a parecer que algo tiene que ver. Si los materiales que se dicen más “pesados” son capaces de producir más “energía interna”, y para nuestro bien amado amigo Newton el peso de un cuerpo es su Masa por un coeficiente al que llamó “gravedad”, quedaría, salvando grandes luces, que la energía es proporcional a la masa.

UAU. Ya los debo haber mareado con tanta porquería.

Los aliens tras mi teoría. La Atlántida Vol. 2

Uno podría pensar, ¿qué corno tiene todo esto que ver con la Atlántida, la pirámide de Keops o la de Kefrén y quién dice si la de Micerino, Macchu Picchu, las pirámides del sol y la luna en Tenochtitlán y tantas otras maravillas del mundo antiguo? ¿Preparados? Ahí va.

Yo afirmo, con toda la evidencia de mi lado, que los Atlantes, a los cuales estoy esperando para que me “abducten” o como se diga cuando te llevan los OVNIS, sabían cómo hacer para manejar esa forma de energía que yo llamo Masa. Por lo menos, la evidencia me muestra, que sabían vaciar un cuerpo de esa energía, más o menos como nosotros sacamos energía eléctrica de una pila. Sin pasar a detallar qué es lo que hacían con esa energía, resulta evidente pensar que el hecho de que uno pueda vaciar un cuerpo de su masa ya trae excelentes beneficios para civilizaciones antiguas. Si mi teoría fuese correcta, uno podría mirar las pirámides de Egipto ver que cuando las piedras fueron llevadas hasta ahí, no pesaban todo lo que pesan ahora. Es decir, si en algún remoto lugar a esas piedras de alguna manera misteriosa se les sacaba la masa, no había impedimentos para transportarla cientos de kilómetros o de subirla hasta la punta de una pirámide sin mayor esfuerzo. La gente podría volar sobre ladrillos, podrían existir los caballos voladores y muchas otras cosas que escapan a nuestro análisis, pero que siempre estuvieron en el imaginario colectivo. Incluso podría volar la misma gente, y eso hizo nuestro prototipo Ícaro, que se sometió a una extracción de masa, y pegó un salto tan alto, que llegó bastante cerca del sol (y sus alas de cera se quemaron). Acuérdense de  esto; ahora vuelvo a traerlo a colación.

Podríamos aceptar, de acuerdo con la evidencia, que los Atlantes sí sabían –y de hecho lo hacían– sacarle la masa a un cuerpo. Pero se nos presentan varios problemas. Más evidentemente uno: las piedras en Egipto pesan, hoy en día, dos toneladas o veinte toneladas o no se cuántos kilos más… pero muchos. Y otro: si uno saca la masa de un cuerpo, ¿qué hace uno con esa masa?

Como nos enseñan en la facultad, la energía no se pierde, sino que se transforma.

El imperio contraataca. La Atlántida Vol. 3

Como les venía diciendo, la energía no se puede perder sino que se tiene que transformar o, en otro sentido, la tenemos que llevar a otro lado (Principio de la conservación de la Energía). Esto es, si uno tiene una pila (cargada con energía eléctrica), uno podría transformar esa energía eléctrica en energía de otro tipo (luz en una linterna) o dejarla como energía eléctrica, pero en otro lado (cargar un capacitor u otra pila).

Entonces podemos ver que los Atlantes sacaban la masa de los cuerpos y una parte la usaban como energía cinética para mover cosas, energía potencial para subir cosas, y energía eléctrica para jugar al Gameboy. Pero andaban sacándole la masa a tantas cosas que había un excedente de masa, la cual almacenaban en pelotitas chiquitas de algún metal noble. En nuestro caso, oro. Es decir, le sacaban casi toda la masa a una piedra de veinte toneladas, y la metían en una pelotita del tamaño de una canica. Eso es, una canica que después del procedimiento pesaba algo así como veinte toneladas. Una pelotita muy pesada, por cierto. En el juego de Indiana Jones, a estas pelotitas les dicen Orichalcum; supongo que de algún lado lo habrán sacado.

Ahora sí, lo que los Atlantes no sabían, es que cuando uno saca la masa de un cuerpo, en ese cuerpo se genera un déficit energético, y cuando a un cuerpo se le carga masa, se genera un superávit energético. Y así como hoy en día reconocemos el fenómeno de la ósmosis, reconocemos que los cuerpos deficitarios de energía absorbieron la misma de cuanta fuente se le presentase, principalmente el sol, y los cuerpos con exceso de energía, la liberaron a sea lo que fuera que tenían alrededor; y uno se da cuenta de que una pelotita de veinte toneladas puede estar en cualquier lado, siempre y cuando eso no quede en otro lado que el piso. Y como pasa con las pilas cuando uno las pone cerca del fuego, que recuperan apenas la carga, las piedras en las pirámides de Egipto, México y demás, necesitaron miles de años para, con la exposición al sol, recuperar su peso. Ya resolvimos el problema de las pirámides.

Si uno intenta hacer un esquema de cómo se vería la Atlántida, uno podría decir –o por lo menos yo me lo imagino así– que se encuentra en un valle, sobre la ribera de un río, y en su perímetro, cerca de las canteras, aunque no muy alejada de la ciudad por practicidad, se encontraban las fábricas de Orichalcum. Digo por practicidad porque no hay razón para creer que los Atlantes eran aptos para transportar el Orichalcum, fuente de toda su energía y su poder, mucho más lejos que un par de millas. Entonces, tenemos una ciudad cercada por un anillo de fábricas.

El Quid de la Cuestión. La Atlántida Vol. 4

Si ya llegaron hasta acá me imagino es en gran medida porque, como yo, se sintieron profundamente conmocionados por la gravedad de mis ideas. No me mando más la parte y termino finalmente mi locura temporal.

Si uno tiene esa imagen de la Atlántida, una ciudad al borde de un río, circundada por fábricas de Orichalcum, y más aún, llena de esas pelotitas de metal, no se reconoce con mucha dificultad el porqué de la desaparición de la Atlántida. Como veníamos diciendo anteriormente, el Orichalcum, si bien era un excelente portador de masa, no conseguía conservarla a lo largo del tiempo; es decir, tenía pérdidas de masa, que se filtraba en la tierra o el suelo circundante. Entonces, el suelo que estaba en contacto con el metal, volvíase más pesado día a día, lo que trajo una consolidación del suelo y posterior rotura del mismo a gran escala. Es decir, el suelo sobre el que estaba apoyada la Atlántida no soportó su propio peso, acrecentado por la pérdida de masa de las pelotitas de Orichalcum, y colapsó, llevándose consigo a la ciudad y formando sobre ella un gran lago, del cual todavía no tengo la ubicación exacta, pero pretendo descubrir en un tiempo cercano.

Una vez que empezó la consolidación del suelo sobre el que estaba la ciudad, de nada sirvieron los esfuerzos de los Atlantes por salvar la ciudad, porque al sacarle masa al suelo, inevitablemente se formaban pelotitas de Orichalcum que ayudaban a la consolidación, y así sucesivamente. La suerte estaba echada y así sin más, desaparecieron, llevándose consigo la fórmula para el manejo de la masa y los caballitos voladores. Solo será cuestión de esperar a que algún otro prodigio en matemáticas reinvente el proceso y, con mucha suerte, consiga hacer algo con las pelotitas de Orichalcum, que no sea utilizarlo para hacer bombas atómicas. La energía para todo el mundo sería fácilmente obtenible y tanto nuestra supervivencia como la colonización de nuevos horizontes estarían al alcance de la mano. Y quizás algún día a alguien se le ocurra calzarse un par de alas de cera y saltar tan alto que se queme con el sol.

FIN. ¿Qué tul?

PD: Ahora que sabemos toda la teoría, podemos darnos cuenta de qué fue lo que le pasó al pobre de Ícaro. El muchacho sin masa, pegó un salto y no volvió más. Bah, si volvió, una vez que se achicharró lo suficiente, su cuerpo deficitario volvió a obtener el mínimo de masa necesaria para que la gravedad haga lo suyo. Y así nomás se la dio contra el piso. Pero bueno… seguramente se lo merecía.

Joaquín Muñoz
23 años
Estudiante de Ingeniería Civil
joacomunoz@gmail.com