Sed Contra 5

Ya se dijo incontables veces, algunas como una amenaza, otras como un grito desesperado, pero también como una “simple observación empírica”: los tiempos se han acelerado y, con ellos, nuestras vidas. Vivimos corriendo y, no obstante, casi nunca tenemos la sensación de haber llegado a la meta.

Frente a este estado de cosas, tal vez la mejor estrategia del rebelde inconformista (¿poetas que luchan para sobrevivir?) sea… leer. Porque el deleite en el que nos sumerge la literatura es un deleite sin tiempo o, mejor dicho, con sus propios tiempos, que rechazan la medición oficial en segundos, minutos, horas… Sumergirnos en la lectura es trascender lo mundano para elevarnos a (o, ¿por qué no?, hundirnos en) un mundo distinto, etéreo; pero, al mismo tiempo, mucho más real que “la vida misma” que nos intentan vender los mediocres, incluso desde una tv con pocas ideas y demasiada chatura.

Leer, justamente, es escapar de ese bombardeo de estímulos manufacturados para enfrentarnos a algo más real: se trata de un encuentro entre el propio ser, nuestra esencia más cruda, Y un texto que nos invita a descubrir las verdades más evidentes (y, por eso mismo, tan bien escondidas).

El libro es escuela de la vida porque educa en el recreo. Podemos llevarlo a todas partes (la cama, el colectivo, la biblioteca, el jardín: cada lector tiene su espacio predilecto), pero no nos engañemos: es él quien nos lleva a nosotros, más lejos todavía.

En este nuevo número de Sed Contra, y a un año de nuestro nacimiento cibernético, fruto del afortunado encuentro de unas cuantas mentes atribuladas pero optimistas – como diría el Poeta Mayor-, los invito a ustedes, lectores rebeldes, a dejarse llevar, a parar el tiempo del reloj  (al fin y al cabo, una mera convención) para disfrutar del viaje que cada tres meses les proponemos desde esta página. No olviden ajustar sus cinturones… estamos acá para sacudir almas sensibles.

 

Delfina Krüsemann
Directora adjunta
1° de julio de 2007