El liderazgo de Jack

Por Le Hawk.

Fracaso, talento, magnanimidad, fortaleza y prudencia… algunos aportes de Jack. Asimismo intentamos conocer y armonizar (además) el movimiento en el “campo de batalla”, música, arte, entretenimiento y obviamente… la guerra y el amor… Y algún destello verde…

Cuestiones pendientes

La primera cuestión es “take what you can… give nothing back” (amplia y gran sonrisa), lo que pareciera chocar con su gran código moral… ¿es un lansquenete? ¿Un simple ladrón? En absoluto. La generación impulsada bajo la canción “It´s my life” jamás dirá eso, no somos susceptibles de apreciación pecuniaria y Jack bajo ningún sentido se vende al dinero ni a su “yo absoluto”.

Se trata, lisa y llanamente, de la noble rebeldía: apostar a lo más alto. A pesar de que para los demás Jack no será más que un perdedor que no logra sus cometidos, él siempre quiere volar alto; y parece, más que un cuervo, un halcón oscuro. Años atrás, tonteando y acechando, descubrí lo que significaba el Halcón en la heráldica: el Halcón es el que se compromete a las más grandes empresas, y, si no lo logra, cae desfallecido de vergüenza. Toma todo lo que puedas, no devuelvas nada y no mires jamás hacia atrás. Jack parece ser el “Love Chaser” del que habla Europe.

Tal vez la cuestión de la “omnicompresión” haya quedado un poco en tablas, pero básicamente la idea es que la vida es una unidad de cosas múltiples, como diría el Aquinate, nieto (en grado no muy lejano) de Federico I Barbarroja. Se trata de que aquello que apreciamos de un cuadro de Tiziano o un retrato en un mosaico bizantino de Rávena pueda relacionarse con una actitud de victoria en la pista. Los talentos se armonizan, se refuerzan, se complementan, y se potencian.

Y finalmente, la diferencia entre genialidad o locura que menciona Will puede explicarse. No se da una idea uno de cuán delgada es la línea que las divide. Un ejemplo de genialidad puede ser el de Reinaldo de Chatillon (un caballero bandido que se hacía llamar cruzado) se dedicaba a saquear caravanas impunemente, y que incluso hizo trasladar barcas arrastradas por camellos asolaba las ciudades de alrededores de Tiberíades; sin embargo, dio media vuelta cuando Saladino se levantó en su contra, ¡pero vaya genialidad del caballero bandido que asolaba regiones con su seudo flota! Como dice Jack, el mejor comandante es el que hace lo mejor con la tropa que tiene.

¿Y locura? Durante la quinta cruzada, Pelagio se denominó comandante, un legado se impuso al entonces rey de Jerusalén, Juan de Brienne y al duque de Austria, el gran Leopoldo VI “el glorioso”. Detalle peculiar es que la ciudad que estaban asaltando no podía ser asediada fácilmente: su lado costero débil era infranqueable a causa de la “Torre de las Cadenas” (una torre que era el centro de innumerables cadenas en cuyos extremos había objetos que servían de obstáculo). La genialidad fue tomarla; pero la locura de Pelagio fue querer tomar Egipto en vez de ceder la ciudad a cambio de Jerusalén. Los límites son dados por la prudencia y la experiencia.

¿Qué dejó el 2006?

Es una buena pregunta. Con el primer asalto de Jack nos dejó una visión; él calla sus victorias. Dirán que tiene una sabiduría semejante a la de Alfonso X, que tiene los ideales de un kreuz ritter, y muchas otras cosas más, aclamado en algunos momentos de triunfo, respetado por cada lugar que pasó y por los mejores; basta con decir que con su sola presentación le valió ante la “Hermandad Pirata” cuando otros nunca lograron entrar…

Permaneció oculto como los muertos. Y hace la aparición; una vez más, con una simple recapitulación, vemos cómo Jack dice “las dificultades surgieron, se asumieron y se superaron”, y tenía el mapa. ¡Pero qué final tuvo el 2006!

Something more shiny

¿Brillante? Algo como el oro, es cierto, en el Perla Negra no faltan los oportunistas (como Sancho en el Quijote) que finalmente, pueden convertirse en idealistas…

En la primera cruzada, el “supersoldado” Bohemundo de Tarento (hijo del Guiscardo) tenía un gran interés en hacerse de su propio feudo. Supersoldado como todo normando, y el mejor entre ellos. Más allá de su gran ambición, siendo él ya era señor de Tarento se embarcó a la cruzada. ¿Qué necesidad de poner en juego su reputación, su comodidad y su rico principado italiano? En Italia era un príncipe, y eso lo dice todo,

Pero es muy difícil discernir realmente la intención de una persona que lo deja todo. Lo cierto es que hay que darles algo que les podamos ofrecer (a los pares), algo brillante. Las cosas que no se inician por sí, pueden llegar a su causa final. La gente cambia.  Aunque de momento no entiendan que la llave es mucho más importante que lo que brilla… El líder debe proveer a veces de cosas relucientes mientras uno trata de buscarles cosas mejores, como la llave.
Entre los mejores caballeros cruzados, como Ricardo Corazón de León, se vio que primero debe buscarse el ideal, y las conquistas vienen por añadidura.

La pregunta que nos aqueja desde que tenemos el Perla pero tenemos esa inquietud o se presiente un gran fracaso: Why is the rum always gone?

Es cierto, no es sólo la victoria: a veces son los reveses del destino los que nos hacen perder esa “felicidad” dada por aquél amigo del hombre (el ron, el baileys o el vodka-naranja), y si es arrebatada vemos cómo el mundo comienza a tambalearse. A veces no sabemos para dónde va la brújula, y eso sucede por varios motivos.

Por desgracia es difícil establecer una forma de brújula “infallable”. Hay muchos caminos… Uno saca cálculos, ve el mapa, ve la brújula y no le termina de cerrar ni uno ni lo otro. Bueno, hay que confiar en la mano invisible. Los azares del destino son innumerables, lo importante es no quedarse durmiendo en los laureles. Y cuando optamos debemos analizar nuestra situación personal, eso lo incluye todo: rendimiento, eficacia, balances, talentos, experiencia. No está mal hacer cálculos, pero no se puede vivir de ellos; hay que lanzarse a la aventura, no ser timoratos, y saber que el líder prevé, se ayuda y es ayudado por la mano invisible.

Time´s run out, Jack (los reveses inesperados, encontrados o no buscados)

A veces los planes no salen como uno quería. Europa es un caos de guerras, Carlos V confía en que el Este de Europa va a ser defendido por su cuñado y uno de sus mejores caballeros, Luis de Hungría. Pero aparece el fantasma del pasado y eso que tanto temíamos, y el mundo conocido se hace añicos. Anteriormente vimos que el rey húngaro muere en Mohacs en su primer encuentro con las tropas innumerables. Algunos caballeros llegaron hasta el sultán Solimán, gesto temerario y fuerte, asimismo fueron destruidos por los jenízaros.

El mundo se hace añicos, y lo “seguro” pende de un hilo…

También son esas cosas clavadas en el corazón del líder, la locura de su madre Juana para Carlos V sería esa espina clavada en su corazón. Lo mismo que las intrigas a su alrededor, soledad y traiciones para Federico II. La muerte de los suyos y rebeliones para Luis IX. Todo líder tiene algo que lo aflige y su punto fuerte, su corazón, es también el punto débil.
Pero el tiempo corre, dentro de la misión del líder está levantar a aquellos que duermen. Sin desesperar, pero moverse… I want movement, I want movement!

¿Qué es lo mejor ahí? Volver a las bases; siempre está el mapa y no podemos tener todo en la cabeza. Y pedir consejo de aquél que nos conoce lo suficiente para saber hacernos una buena recomendación, compañero de largas “campañas” y conocedor de talentos. No es necesario que el consejero tenga grandes cualidades, sólo que sea prudente. Cuando Jack no sabe qué rayos hacer, bueno… va al lugar seguro, va a tierra firme.

Replegarse no es retirarse, replegarse es reagruparse. Si no tenemos la mente fría y no podemos reagruparnos, vamos a estar en aprietos (te re friega la refriega). Y el repliegue, como todo, requiere sacrificios personales. ¡Renunciar a alta mar como Jack!

Muchas veces parece una locura el repliegue que estamos haciendo. Pero cuando el mundo se cae a pedazos no hay turco que ceda ni francés que deje de querellar ni español que se rebele durante su ausencia (por estar en el Imperio) para el emperador Carlos V.

¿Y si no hay ningún lugar donde replegarse? Puede suceder… Pero hay que perseverar, porque si no lo hacemos nadie lo va a hacer por nosotros. ¿El mundo se cae a pedazos y te vas a unir a la ruina?… Cualquier desertor sabe la amargura de su deserción… Remontémonos a las enseñanzas del sabio Bon Jovi: “keep the faith”

Y en el momento menos pensado… (Por perseverar, uno lo logra)

Por suerte no ha faltado algún aliado inesperado. Fue gracias a Will y su oportuna aparición que se salvó Jack. En esos momentos desesperados Jack saltando atado como gusano. Situación desesperada… Pero sale, porque persevera aunque tenga que darse de cara contra el suelo. Hay veces que descubrimos talentos en lo oculto, descubrimos que teníamos corazón y más, y a pesar de ese salto al vacío, ese “desenrollo” y la dolorosa pasada por los puentes, Jack es libre.

Nunca vamos a quedarnos solos, porque estamos en el mercado, donde la mano provee.
Entonces, la libertad no viene tanto de evitar el dolor sino de no ceder ante la tentación de la deserción de la propia causa, el fracaso no es el fin del horizonte.

¡Oh, que decente es Miss Swann! Actúa de manera que es ejemplo para los demás

Cuando Miss Swann (o Lizzie) se pone bajo el liderazgo de Jack, se ven las escenas de discusión. Jack viene escuchando la perorata desde su segundo gobierno en la isla en el que le queman el ron. Y eso sigue… Hay muchas cosas que nos separan, nuestras concepciones sobre la decencia, moral y la higiene personal.

Parece haber una gran diferencia. A Jack se lo ve como un completo egoísta y bastante desalmado. ¿Pero se merece tal reproche?

Carlos V se equivocó al privar de su apoyo a la isla de Rodas, que cayó dificultosamente en manos turcas. Los líderes también es equivocan. Eso fue falta de experiencia, pues tenía tan sólo veintidós años y el peso del mundo.

“Va llegar algún momento en que quieras que la gente te reconozca por algo bueno”; “Va a llegar el momento de hacer algo bueno”. Y adora esos momentos, los saluda a lo lejos. Es cierto, Jack no tiene ni la más mínima decencia. Él es virtuoso, no busca el reconocimiento de los otros ni hace por qué pensaran los otros. No le gusta vivir en la decencia, le gusta ser pirata, porque el decente no hace cosas malas, ni deja de pagar sus impuestos. Eso sí, le saca el cuero que da calambre, le hace mala fama. No dice mentiras, salvo que sean grotescas. No le hace mal expresamente a nadie ni se compromete salvo que sepa que va a haber algún beneficio que sea seguro. Y si hace un mal siempre hay una justificación…

¿Decencia? Jack se ríe de la decencia, prefiere tenerse como pirata y hacer el bien e informarse sobre qué es lo que su conciencia le dice mediante la lectura de los mapas de ruta (hechos por los mejores piratas, que se atienen a como las cosas son), antes que ser decente. Mejor pedir disculpas públicamente como Carlos V al final de su reinado argumentando falta de experiencia, reconociendo el mal pero que no hubo intención de hacer el mal; juntar las manos y bajar la cabeza, como Jack…

Jack, ¿Quo Vadis?

La experiencia del desertor a veces deja gusto amargo. ¿Qué tenía que ver Jack con la ambición de Beckett? ¿Qué tenía que ver Jack con Miss Swann y William? Podría haberse quedado hablando con los “soldados” (the king´s navy proud) y decir ¿acaso soy yo el guardador de esa persona? Podría haber esperado, y alguna oportuna intervención lo habría sacado de la prisión. Pero sale perdiendo por sus buenas acciones. Una buena acción no le bastaba para redimirse, pero sí para condenarla.

Jack podía huir de la barca, podría haber huido de donde sea, de Roma incluso. Era su “derecho”, pero la mano invisible parece hacerse presente en la conciencia: ¿Jack, quo vadis? (¿Jack, a dónde vas?). La conciencia lo obligó. Y volvió (¡Semper fi!)

Pirate…

Rápidas y fugaces como rayos, las idas y venidas ponen a Jack contra las cuerdas. El Kraken viene de nuevo, la derrota es inminente, y más vale que muera uno a que todos padezcan por su causa. Y siempre es culpa de alguien. Muchas veces el virtuoso comparte cargas que “razonablemente” no debería soportar, coopera y sufre con el otro. No importa Jack si tu mundo se estaba cayendo en pedazos, lo único que sé es que hay que sacrificarte, dice el decente.

Hay un grandioso dicho del emperador Marco Aurelio, según comenta un general romano: “cuando nos sonríe la muerte, no nos queda nada más que devolverle una sonrisa”.
¿Qué le preocupa a Jack su muerte si lo hecho en vida tiene eco en la eternidad? Algún día se quitarán el sombrero ante su muerte, cuando sea un cadáver podrido.

Claro, frente a la muerte, no se va a dejar matar fácilmente. El cuatro de julio le recordé una anécdota de un tres de julio a un amigo civilista para distender el ambiente (casualmente de nombre Julio nuestro amigo): era sobre la batalla de los Cuernos de Hattin, donde los caballeros cruzados no se dejaron matar con facilidad, podrían quebrarles el alma, pero no el espíritu de lucha.

Jack tomó su espada, agradeció la devolución de su sombrero, y con una gran sonrisa dio a entender que no se dejaría matar fácilmente. Sólo hay que devolver la sonrisa…
¿Qué podemos decir cuando pagamos el precio de nuestras acciones, sean buenas o malas? No rasgarse las vestiduras, en especial si se sufre un injusto por una buena acción. Solamente escuchar “Worn me down” de Rachel Yamagata (prefiero la versión de The O.C.) e ir con la frente en alto (o quedarse mirando el mar como hacen Marissa y Seth cuando se quedan solos en la 2° temporada). Les aseguro que la guerra más cara es la que no se hace, si ya terminó… Ya vencimos. La virtud está en lo heroico, sea pequeño o grande. Aun si ese heroísmo fue un fracaso…

En el Infierno de uno mismo (no te preocupes por el pasado que ya fue, ni por el futuro…)
Como sabemos Jack está más allá, sufriendo. Para algunos se lo merece, y merece aun más.

Pero ése es el problema. Uno mismo, en medio del desierto bajo el “yo” tirano. El Jack al que no le salió bien esto, el Jack que falló en eso, ¡mira lo que te hicieron, Jack! Sin perdonarse nada. Hasta que se harta, y salta afuera. La realidad es como un desierto, sin una brizna de nada y tiene gusto a poco, todo lo que he hecho no sirve de nada. ¿Alguien tiene idea o le importa lo que ha hecho el capitán Jack? Por qué hace las cosas, “porque es un tarado”, se dice Jack. Pero es sólo gusto amargo de un verano intenso, la dura marejada sobre uno mismo.
No obstante la mano invisible no deja de mostrar su generosidad (aunque el panadero o el zapatero no lo sean como dice la leyenda). Ve que el barco se está moviendo, salió de él mismo y ya fue un avance. Ese pequeño gesto de renuncia al mal pasado, es la piedra de un mejor futuro.

Si hay algo que sabemos del líder es su “autorenovación” en la sorpresa… 
Sí, cuando logramos salir de toda esa marejada de problemas que nos tiranizan, entonces, una vez, más sentimos el redoble de tambores, una vez más sentimos la cancioncita de victoria. El líder siempre sorprende, de eso estamos seguros, pero cuando escuchemos el redoble de tambores no nos olvidemos que es la mano invisible quien da. El que persevera en algún momento hace el clic, pero para subir al palo mayor hay que tener el corazón desasido de las cosas de abajo.

Los vamos a sorprender cada vez que nos saquemos de encima todas esas cosas que son como un ancla en el pasado. Y vayamos hacia delante, siempre adelante porque siempre hay un horizonte…

La misericordia

Jack, venimos a rescatarte. ¿Sí? Los cuatro intentaron matarme y uno lo logró… Esa sonrisa y que el otro baje los ojos. La misericordia deja huellas… ¿Será útil esa misericordia? El almirante Nelson siempre subrayaba la palabra aniquilar al enemigo; además nos van a causar dolores de cabeza más tarde las buenas acciones. No obstante, dicen que el rencor es la venganza del débil. Jack no es rencoroso, sabe que la mano invisible puede elevarlo. Él es fuerte, no tiene necesidad de mentir porque puede soportar las consecuencias y puede decir las cosas como son (vir sapiens fortis est), aunque entiende tanto al traidor como al cobarde. Como ultima ratio, para quedarse tranquilo, si lo perdona es porque lo puede volver a vencer…
No como hicieron en Italia franceses con alemanes (véase a Carlos de Anjou-hermano de San Luis- y los últimos Hohenstaufen). La falta de misericordia puede causar más guerras y peores aún. Y por eso Carlos V perdonó al rey de Francia.

Puede que no nos deje de dar dolores de cabeza esa misericordia, como la traición francesa. Con la conquista de Túnez por Carlos V se vio la flor de lis (y no fue la mano invisible la que proveyó los cañones franceses) que llevaban los cañones del pirata argelino Barbarroja (Jair-ed-In, ése es el pirata que toda la gente conoce).

El líder en primer lugar es el que necesita de esa misericordia. Él necesita de ella más que nadie por todas las cargas, porque tiene defectos, porque el peso de las cosas en sus hombros tiende a ser más grande. El peso de un apellido, el peso de dos, el peso de ciertos talentos… Y esas cosas pueden volverse en su contra…

Como extra y segunda lección, hay que tener el valor para no cerrarle el paso a esas nuevas Miss Swann, a esos nuevos Will o a esos nuevos Barbossa según sea la ocasión. Y para eso hay que ser valiente, arriesgar.

El resplandor verde en el horizonte… ¡He’s Rocking the ship! 

¿No ves que ya se ha visto todo? Han hecho las mil y un combinaciones, y nada nuevo. Se quedan estancados en “alea iacta est”, como dijo el César al cruzar el Rubicón. Esos círculos hermenéuticos no dicen nada. Pero queda ése talento que tenemos para darle un nuevo sentido a las cosas. Esa vuelta al mapa que tiene que ser original y renovadora, y aportar algo nuevo. Ver más allá… Ver lo que la generalidad no ve, y él sí.

Sí, las cosas van mal. El líder acude a sus principios generales y los aplica, busca la relación (de la misma manera se va a librar de la prisión, mix entre teoría-experiencia y práctica), busca, busca… y encuentra. Up is down. ¿Quién lo diría? A veces esas “locuras” son las que salvan el momento. Up is down

Me gustaría nombrar la fabulosa batalla de Ramleh (o Montgisard por el castillo cercano) o la de las Navas de Tolosa, aplicando las locuras de los líderes que sí se jugaron, en lo que hace mucho no se ve: “el todo por el todo”.

Cuando Jack, con su carisma, guiaba a los piratas. Me agrada más la anécdota de la rebelión del sur de España, dominada por Don Juan de Austria (al mando de otros que sí eran piratas) porque los “tercios” (ejército regular español) estaban en los países bajos. Don Juan llegó a instruir personalmente a los soldados: les enseñaba a disparar arcabuces, blandía su espada contra ellos en los adiestramientos. Y así se produjo el destello verde en el horizonte… (“He´s rocking the ship” gritaron sus lugartenientes en secreto).  Y el líder puede ver cómo la mano invisible los produce porque él, quien porta el estandarte de victoria, bien sabe que la mano invisible lo hizo posible. Para eso hay que hacer a la verdad no antipática, saber guiarlos.

Por esencia, anacrónico… en el mundo de los ideales perdidos…

Los ideales de algunos siempre han sido anacrónicos: los de Alejandro Magno, del César, de Carlomagno, y los del eterno Imperio Romano (gastada, pero práctica la idea). La unidad hace la paz y la paz contribuye al bien. Sin bien, la persona debe pelear. Pero no pasaron cuatrocientos años de Carlomagno, y Federico Barbarroja quiso lo mismo. Pasaron siglos después de Barbarroja, y Carlos V quiso lo mismo: unidad, paz, bien… Y siempre se los verá como rebeldes.

¿Sabes qué es lo malo de ser el último, Jack? Que cada vez quedan menos como tú (casi ningún pirata): el mundo se está achicando…

“No se ha achicado… nada más que tiene menos de él”. Esa es la respuesta. Él sabe que el fin de la caballería (la verdad armada en defensa de la verdad desarmada) se terminó con la Paz de Westfalia, y con el cese de la Guerra de los Treinta Años. Ahora el comercio guía todo: se adueña de los hombres, convirtiéndolos en corsos…

Siempre estará fuera de lugar el líder, pero no por eso dejará de ser necesario. Y si uno hace bien pero las cosas salen mal, acudamos al gran Sandy Cohen: “lo intentas de nuevo, por las buenas, hasta que salga”. Siempre están los Winds of Change

Las lesiones…

Una vez llegados a tierra, y establecido todo: vaya, vaya, la traición. ¿Hay alguien que me extrañó? Levantan la mano uno, dos, tres, cuatro, cinco… Jack los señala con el dedo y agrega una sonrisa sorpresiva. Y se va con ellos.

Las lesiones más dolorosas no se ven, pero se clavan en lo más profundo. Algo muy de “moda” es la “instrumentalización”: no me importa qué pase con vos, pero sí me gustaría sacarme las ganas. Esa actitud lesiona. Que no pase, como diría Good Charlotte: “girls don’t like boys, girls like cars and money”, y no sea una utilización por el “lansquenete” (entiéndase como el “saqueo pirata” de los fines de semana, dicho de manera muy elegante). Con toda la razón apoyamos lo que Archer dice en Diamantes de Sangre: “I like to get kissed, before…”

Si no se entiende (y respeta) lo “sacro” de esa persona, no se la entiende en absoluto.

Hermandad… (Conservar la unión, a pesar de que el otro sea un…)

Siempre hay algo que nos despierta curiosidad. Algo como el Age of Empires. Yo aposté (apuesto, y apostaré) a los teutones. Es muy interesante poner en marcha estrategias como las de Ricardo (asediar levantando fortalezas), o la Alejandro (la infantería es el yunque y la caballería el martillo), pero hubo una partida que perdí: contra mi amigo Pedro. Y es por eso que no hay que decir: “¡Y siempre recordarán que este es el día que casi…!”
Cada soldado en el Age of Empires tiene diferentes gritos. Entre los de los españoles están, “presto” (ahora voy), o “Santiago”, o “guerra” y, finalmente, “¡hermandad!”

Hermandad, de acuerdo con la Enciclopedia Hispánica (sólo recurro a la Británica en casos de excesiva urgencia: evito el disgusto de leer en inglés), es un grupo de hombres armados y oriundos de algún pueblo (orden de caballería local-municipal), que lo defiende de sarracenos/bandidos. Así es, la Hermandad. A veces hay que pactar con los cerdos, pero si uno pelea codo a codo por lo mismo, hay que hacerlo.

Las verdaderas causas de la caída de los principados de Tierra Santa no fueron tanto los embistes del Islam. Incluso se llegó a conquistar Damasco (cosa impensable e imposible prácticamente), entre el poderoso conde Bohemundo VI de Trípoli-Antioquía y los mongoles. Fueron las guerras internas entre genoveses y venecianos (como la guerra de Saint-Sabbas) las que destruyeron a los principados cruzados. Esos comerciantes fueron la ruina. Una verdadera vergüenza.

Ceder el derecho… (cumplir el deber sin tener derecho, o ser relevado a segundo plano)

Cuando la ocasión lo amerita, para mantener la unidad, muchas veces hay que ceder el derecho propio. Jack bien podría haber comandado la flota, pero sabía que sólo cediendo su derecho podrían ir a la guerra. A veces hay que ceder la titularidad y no querer ser siempre los “Nº 1”. En especial si se trata de un equipo, la unidad hace la fuerza. Muchas veces no hace falta talento porque queda desmenuzado ante la fuerza de la unión. ¿Regalan los puestos? Que la mano invisible así provea. Lo importante no es el “yo” de nosotros, sino un sacrificio heroico como el que hizo Don Juan antes de Lepanto.

El comandante de los venecianos (aliados de los turcos hasta hacía entonces poquito tiempo) estaba un poco “alterado” por la pérdida de Chipre (posesión veneciana). Cuando unos españoles dijeron que iban en nombre del comandante a llenar el lugar vacío en sus galeras, hubo discusión. Acti seguido, se vio a esos soldados y oficiales ahorcados en el palo mayor. Desde la flota genovesa y española se oyó un gran grito enfurecido.

“¡Dé la orden comandante, dé la orden y los mandaremos al fondo del mar al pirata de Veniero y a los suyos!”, gritaban los enardecidos genoveses (enemigos de los venecianos por excelencia) y españoles, unánimemente. El hijo de Carlos V mantuvo la sangre fría, las mechas de los cañones y arcabuces se apagaron, y un tercio de la flota cristiana se salvó. Sí, ceder el derecho se puede volver heroico. Como soportar el sablazo que da Barbossa.

Esa talentosa tentación y la consecuente renuncia al mundo…

Bien se puede decir “lo que Salamanca non da, la vida non presta”, o en términos hípicos de jinetes, “lo que equitación non da, Polo (R. L.) non presta…”

Jack, al mando del Perla, es capitán de nuevo, y le gustaría ser pirata por siempre. Pero no puede vender su alma a un barco. Si quiere salvar su vida, la perderá (de nada vale vivir muerto y sin corazón). Ya renunció a quedarse como príncipe pirata hasta entonces, pero es algo que va a tener que enfrentar en algún momento. Y ahora viene otra tentación: querer ser los señores. Donde es un continuo atardecer, pero… qué sentido tendrá el atardecer… ¿Te vas a quedar acumulando trofeos y cucardas?

Sí, renunciar al mundo duele. Cada uno de los grandes lo ha hecho cuando ha podido. Algunos a los catorce, otros a los quince, otros a los doce, otros más avejentados. No vivir para uno mismo es la gran renuncia. La mano invisible, en lo secreto, recompensará al líder. ¿Cuántas cosas podrían haber hecho ciertos hombres notables? Pero, ¿qué es lo que realmente los hizo notables? La renuncia. No se trata de negarse a sí mismo, se trata de entregarse. Algunos se preguntan si “la renuncia al mundo es una vez”. Lo que la historia demuestra es que siempre hay una primera vez, y otras menores. Jack, a pesar de sus renuncias desde su adolescente juventud, está ante la más grande antes de su Lepanto…

El Halcón y el Filósofo… (Ante el tribunal de la mano invisible y de los grandes)

Así es, Jack es como un Halcón: siempre en lo alto, pero aparece alguien que lo corre. “Me estás estorbando muchacho”. Sí, el padre de Jack. Él sabe de la historia de los piratas (entre tantos otros talentos), y el filósofo es un gran maestre en interpretar el Códex y lo que es. Cuando el padre de Jack entra, todos callan. Es EL pirata, rey entre los piratas. Entre la historia de Jack y la filosofía del maestre está la “manoinvisibleología”, que los une y los armoniza. Allí donde debería ser tratado como príncipe, es uno más…

Jack lo mira… ¿Acaso no he sido respetado por los grandes y aclamado por mis pares? ¿Acaso no me he ganado el respeto y el aprecio de los mejores? He ido adonde no era nada, y he logrado mi puesto. Sé que heredé mi lugar como capitán y príncipe, pero tengo mi lugar. ¿No se trata de eso? No sólo de títulos, honores y reconocimientos, sino un lugar entre los grandes y hacer las cosas bien. El Filósofo parece satisfecho e insatisfecho. Distintos peregrinos que van al mismo lugar…

“Jackie, se trata de vivir contigo para siempre”, replica sencillamente el filósofo. Sí, tiene que hundirse en las tradiciones piratas más nobles, aplicarlas a su naturaleza y sumarle eso que aporta él, Jack. Títulos, honores, todos serán una horca el día de mañana y, sí hay proceso: el reconocimiento por estar entre los eternos…

At world’s end all that remains is Lepanto… (del amor y la guerra)

De la guerra…

Nadie dejará someter por el dominador débil, que se afianza subyugando a los demás. El dominador hace “buenos negocios”: alguna fluctuación en la Bolsa. Es un débil y cobarde que se vale de los demás: jamás se lo va a ver ensuciarse las manos. Y si estalla la peste, como hizo Napoleón en Egipto, se despide. Su flota se la ve como a una media luna…

Jack ha sido tratado como traidor, una vez más (él sabía desde un principio que esa guerra iba a existir), pero esa es una de las grandes ventajas de ser tenido como cucaracha y de la suerte del desmitificador que relativice las victorias del líder. Irónicamente lo favorece: así se maneja a sus anachas. Mientras tanto, la flota pirata alza sus banderas y toma posición de… ¿cruz? El Perla encabeza la formación. Y el viento cambia… ¿son las trece horas? Y van hacia un duelo personal, cada uno. Alí Pachá era el rival de Don Juan de Austria (en el centro); Ulluch Alí frente a Doria (genovés, encabezando parte de la flota española y en la derecha), los raposos; y en la izquierda frente al veneciano Veniero, estaba Mohamed Pachá, a.k. “Siroco”. ¿Do you fear dead? “You have no idea” respondían en silencio los cristianos, que conocían la mala racha, con las excepciones de las puertas de Austria en el ‘29, Túnez (‘35), Malta (´66), y Szegued.

Pero los cristianos cargaron al frente. El Perla y el Holandés Errante fueron la gran detención de los turcos. Y Don Juan de Austria, gran soldado y mejor general, se lanzó a la carga. La prudencia reinaba cada movimiento de él, uniendo sus talentos aplicó todo: el cañón, la espada, las naves… No le dio oportunidad al turco de preguntar nada.
Pronto, la cabeza de Alí Pachá estaba en lo alto de una pica. El resultado de la victoria de Lepanto resonaría de manera determinante por el resto de la historia…

La prudencia que rige cada acto es clave y elemental. Recuerdo que mi profesor de gimnasia dijo que cuando uno tiraba al aro, y no embocaba, había que dejar al cuerpo hacer lo suyo: se había descubierto cierta memoria en los movimientos. Y, si las virtudes son regidas por la prudencia, en cierto sentido puede influir (facilitar) el “subconsciente”. ¿Entonces la prudencia puede regir el subconsciente? Se ve que no entendiste nada…

En la guerra (o en el deporte), la experiencia junto con la prudencia da la muñeca a Jack para saber cuando soltar un poquito la soga y que los otros se estrellen; o dar tiro en el momento indicado; o tirar la pelota cuando queremos embocar el triple; meter la pata como buenos acechadores de delanteros; o llegar a un salto largo, para que se vea mejor, y sentir la sensación de estar en el aire por más tiempo, sobrevolando las vallas…

Y del amor…

Notable es el gesto de Will. Decide casarse en plena batalla: uno ve el tiempo congelarse. “No hay mejor manera en verdad” piensa uno: esa es la actitud que le falta a mucha gente. Y sí, es en la batalla. Hasta que la gente no entienda que ahí sí se juega la vida, vamos a seguir teniendo relaciones débiles, efímeras. Y el tiempo se congela en esos momentos en que se juegan la vida y hacen la apuesta…

Looking from a window above, it’s like a store of love…

Diamantes de Sangre muestra cosas al de estilo “jacksparroweanas”… Cuando a nuestro amigo Archer se le está yendo la vida, y saca el diamante, y lo mira con la misma expresión que usaría otro sobrino nieto de Federico Barbarroja, se da cuenta que “es tan estúpido que dan ganas de llorar”. ¿De qué le vale la piedra, si se le va la vida…? Piedras hay muchas, vida hay una sola.

I´m moving further away, want you near me…”

Y es entonces cuando piensa en esa persona que lo ama, y se da cuenta de qué es lo importante: “All I needed was the love you gave, all I needed for another day…” 

Él la llama. Ella estaba convencida de que no lo iba a llamar (pensaba que se iba a dar vuelta y estaría con otra… ¡qué poco lo conoció!). Él, con una fidelidad inquebrantable, cumple lo pactado. No tenía por qué, pero lo hace, y la llamó en cuanto pudo.

Por otra parte, ella ve que eran bastante parecidos, sólo que él estuvo luchando en el infierno, y es esa admiración que nace de ella la que finalmente la lleva a decir “all I ever knew, only you”. Ella tuvo que morderse el labio y soportar que él se vaya a la jungla.

Ella puede pensar que para él no se trataba más que de un juego: una sonrisa a la muerte por parte de Archer, pero él la necesita. Y sus palabras… basta recordar esos pocos momentos de verdadero amor entre ellos dos.

Es sorprendente la fortaleza de ella cuando habla: sabe que está herido, y que lo va a perder, y tiene que aguantarse las lágrimas, que le saltan solas. Se va… el único Archer, pero él no puede más… “Can´t take no more…” Fue la mano de ella la que tocó su corazón: “Wonder if you’ll understand it’s just the touch of your hand… Behind a closed door (supersoldier´s heart)… All I needed was the love you gave, all I needed for another day and I ever knew… Only you…” (Hay varias versiones de Only You de Yazoo)

Fricción, fricción… Como diría Savage Garden, “Truly, madly, deeply”…

¿Parece una tomadura de pelo? En absoluto. Su corazón da un salto cuando ve a Will, una mirada suya era capaz de detener a Lizzie en el acto. Su aliento le erizaba la piel, y sus caricias llegan hasta lo más profundo de su ser. Da gusto ver a un par de personas encontrar esa sacralidad respetada y recíproca. Hay varias versiones de Truly, madly, deeply, y cada cual se quedará con la que más le agrade. Pero vale la pena encaminarse a encontrar ese amor “truly”, verdadero, sincero y desinteresado; “madly”, un filósofo natural de Tagaste decía que la medida del amor es amar sin medida, y Pascal dice “si no amas demasiado, no amas suficiente”; y “deeply”, que vaya hasta lo más profundo, hasta encontrar eso único, lo absoluto en la otra persona.

Dos planteos finales:

El primero va dirigido a la “ley”. Aquí se intenta establecer, ,muy vagamente, la generalidad de requisitos que debe reunir un líder, desde mi punto de vista. Cada uno debe aplicarlos personalmente, porque esto equivale a una “ley”, que va a la generalidad de los hombres de prestigio: como Jack y los cruzados, y se aplica a circunstancias particulares, como las nuestras de todos los días.

El segundo se plantea si a todos les toca ser líderes. Pareciera que no, porque si todos nos constituimos “príncipes”, no habría orden: todo sería caos. El liderazgo es una cuestión de facto: pasa o no pasa. Hay que tener mucho cuidado con no convertirse en los “N°2”, creando divisiones y no unión. Pero como vemos en cada novela que leemos, cada uno sí es líder de su vida, y debe conducirla de la mejor manera posible. La llamada a ser piratas de la Hermandad es universal…

La pregunta que a mí me queda: se ha despertado la leyenda, ¿cuál es el fin?

Guerras paulatinas, guerras italianas, guerras irlandesas…  

¿Qué puedo decir? Jack es Jack… Y eso no lo cambia nadie.

¿Qué sucedió?                                                                                   

Bueno…                                                                                                        
     
Hacer el bien,                          

Tiene su precio: un lazo al cuello, pero Jack defendió su virtud… 
Y Así empezó todo…   

Fracasa paulatinamente, en Italia y en Irlanda… Al final, el idealista Bon Jovi fue más fuerte que “el prometedor” Brian Adams. Jack mostró con Miss Swann lo que Davy Jones no pudo dar: sonrió a la muerte y dijo “goodbye love”, te dejé en buenas manos, que te recibieron, y mis deudas han sido saldadas. ¿Y Jack? Ni Miss Swann lo dijo mejor: “Jack tiene eso, eso especial, que va a hacer que una lo tome y no lo quiera soltar más que, no lo deje ir”. Ella sabrá por qué lo dijo. Me temo que “this is gonna take a long time…”

Y digo, como Ryan Atwood, después de leer la carta en la cuarta temporada: Goodbye…

8

Le Hawk (20)
Estudiante de Abogacía 
josemrego@hotmail.com