En defensa de Rent…

Por Clara Minieri.

Rent aterrizó en mi casa uno de esos domingos grises de junio; típico día en los que lo más lindo es hacer absolutamente nada. Había estudiado largas horas, café en mano, envuelta en mi manta preferida. Llegaba el momento de cerrar los libros cuando entró Sophie —mi hermana de dieciséis años— a casa con un DVD. Exaltada, rebosante de pasión adolescente, nos convenció que lo mejor que podíamos ver aquella noche fría era aquella película que tanto le había gustado. Intrigados, nos sentamos mi hermano —Juan Cruz, de dieciocho— y yo a ver.

Arrancó la película. Vimos cómo los protagonistas se burlaban de Benny en su intento de cobrar el alquiler que le correspondía. Juan Cruz se resintió por la lacra que mostraba la pantalla, que despreciaba a quienes cumplen con sus obligaciones diarias. Yo me asqueé con el desfile de homosexuales, travestis, sidosos, drogadictos…

Rent se oponía a todo lo que habíamos vivido y mamado. Era el himno a lo pasajero; apología del odio hacia lo cotidiano; defensa del rencor contra el sistema capitalista-consumista [1]. Nos querían convencer de que desechando tradiciones, dejando atrás orígenes, y desdeñando padres se podía llegar a ser diferente; que esa era la única manera de ser alguien.

…To starving for attention,

hating convention, hating pretension.

Not to mention, of course,

hating dear old mom and dad.

To riding your bike

midday past the three piece suits.

To fruits – to no absolutes –

to Absolut – to choice –

to the Village Voice –

to any passing fad

to being an us for once- instead of a them

Todo daba lo mismo, porque los protagonistas habían destronado y matado la verdadera igualdad. Habían coronado en su lugar un falso ídolo que sólo llevaba su mismo nombre; pero en el fondo, era totalmente distinto, dado que no trataban igual a los iguales.

No lo era porque no sabían distinguir, no sabían discriminar. Nada era más o menos importante; era simplemente equivalente; a todo le daban el mismo peso, y, por lo tanto, el mismo valor. La bandera que izaban aparentaba distintos colores: hacer lo que uno siente, cuando lo siente, sin interesarse por los demás; agarrarse y soltar a antojo; recrearse pero sin trabajar. El motif, encima, era el alquiler; no comprar y obtener algo de por vida, sino usar, gozar y descartar.

             Finalmente, terminó. Sophie seguía cantando y bailando como había hecho durante toda la película. Juan Cruz y yo nos retiramos, incrédulos por haber desperdiciado aquellas horas de tan insalubre manera.

***

Al día siguiente, cuando ya me había acostado a dormir, Sophie decidió ver Rent de nuevo. Desgraciadamente, no logré  conciliar el sueño, y tenía muchísima sed, por lo que decidí acercarme a la cocina. Antes de volver, me topé con Rent en la televisión, y me senté perezosamente a reírme de esos pusilánimes un rato.

Pero algo en mí había cambiado. Empecé a ver más allá de lo superficial, de la falta total y absoluta de valores que tenían estos personajes; y descubrí que buscaban lo mismo que yo, lo mismo que todos los seres de carne y hueso que tenemos la desgracia y bienaventuranza de deambular por la tierra.

Me atrevo a decir esto, porque, en el fondo, todos buscamos amar y ser amados, y soportamos una carga que no sabemos a quién confiar. ¿Qué pasa cuando se la cargamos a otro por un rato? ¿Los ahuyentaremos? ¿La soportarán? A un conocido lo invitás a tu living, lo dejás ver lo linda que es tu casa. Pero cuando nuestro dormitorio está desordenado…  cuesta saber a quién podemos pedirle ayuda para ordenar y quién saldrá espantado. Es difícil pedirle a otro que nos ayude a brillar, porque implica muchísimos riesgos [2].

Esto es, en resumidas cuentas, la historia de Roger y Mimi [3]: Roger no quería compartir su enfermedad, su dolor más grande, con otro ser; tenía miedo de abrirse, de hacerse vulnerable, y perder a esa persona querida o hacerla sufrir.

¿Y quién no se pelea al amar y recrimina “you didn’t give an inch when I gave a mile?”, sintiendo lo mismo la otra parte? Cuántas veces dejamos atrás lo que más nos identifica para correr hacia lo que parece más fácil: “you sold your guitar and bought a car?” [4] , le reprocha Mimi a Roger. En otras palabras, ¿quién no ha  experimentado que, por más de que uno se sienta morir cuando un ser querido lo deja atrás, el mundo sigue su rumbo y sigue girando [5]?

Y es cierto: tenemos sólo hoy y nada más que hoy para vivir; como dijo una poeta americana: “you learn to build all your roads on today because tomorrow’s ground is too uncertain for plans”[6]. No se puede estar siempre pensando en el mañana, ya que dejamos de vivir nuestro presente si nos quedamos en sueños construidos sobre nubes de la imaginación[7].

No niego que a estos personajes les falten valores, que estén sumergidos en ese frenesí posmoderno [8]. Pero en ellos también veo algo universal: la sed de amar y ser amado; sanar juntos heridas y dolores que nos hacen desangrar y llorar solos de noche; compartir y multiplicar bendiciones. Ése es nuestro llamado: ser felices en la llamarada de aceptación que es el amor.

[1] En “Over the moon” se ve claramente este odio hacia el capitalismo; la cantante nos relata su encuentro con una vaca que dice: “I’m forbidden to produce milk, in Cyberland we only drink Diet Coke”. Quiere hacernos creer que el capitalismo ha destruido lo natural, pero la ironía está en que los personajes de la película están en contra de lo natural en términos aristotélico-tomistas.

[2] Véase “Would you like my candle?”

[3] Como bien dice Mimi, “I’ve got baggage, too” en “La vie bohème”.

[4] “Goodbye Love”

[5] …y cuanto duele que el mundo siga, cuando uno lo que más quiere es que frene, y poderse bajar…Ver “Without You”, cantada por Mimi

[6] Shoffstall, V.A, “After a while”, véase http://www.yuni.com/library/docs/304.html última vez visitado el 20/11/2208.

[7] Si bien, es cierto, es necesario construir el hoy teniendo ciertos valores como directivas.

[8] De hecho, he atacado los valores de nuestra era en un trabajo anterior, al cual me remito.

Clara Minieri
Estudiante de Derecho
22 años