Por Norma Cvitanich.
Condensación de emociones contenidas en el alma, caricia de la memoria, abrazo existencial, bienvenida presencia del ser.
Agua, bendita agua que te derramas y te fundes al alma. Agua de lluvia, rocío y escarcha; nieve de las montañas que descienden por los ríos y riegan los valles.
Agua de los ríos que fluyen y desembocan en el mar, para entregarse a la profundidad de los océanos.
Bendita gota que desciendes hasta el alma que te espera. Riego de sembrados, cultivos y pasturas, necesidad para la germinación, necesidad para el humilde que eleva su desear.
Estela en el mar, huella que ha dejado la lluvia en los caminos campestres, gota que ha quedado a los pies del alambrado para recibir al verde que se expande y es alimento abundante del ganado cuando en la tierra éste ralea o escasea.
Riqueza del valle, caricia de Dios que desciende por el rostro de la humanidad; necesidad en la desolación y alegría tierna en la consolación.
Riqueza del manantial, fruto de la experiencia y del trabajo de los canales de riego, hidratación del cuerpo, bebida espirituosa del humilde.
Agua, agua de las aguas que te derramas, transformas, acabas con la sed del hombre y la sequedad de la tierra… sin ti no se tendría la harina de los trigales, sin ti no se tendría el fruto de los viñedos.
Norma Cvitanich
Artista plástica