Amigos son los amigos

Por Rocío Gonçalves Losa.

Viernes
19:00 
Con un leve chirrido metálico alguien abre la puerta del hall de entrada del Caminito BA Hotel. Es Marcos, el botones.
—¿Y? , ¿Pinta algo para hoy a la noche? —me preguntó, y vi en sus ojos el deseo de sumarse a mi azaroso plan.
—Emmm, estoy en eso —le contesté, mientras miré de refilón mi celular para ver si tenía algún mensaje con alguna propuesta interesante para la noche—. Pero parece que hoy la quedo en casa.
—Ah, esá bien. —Me contestó, mientras regresaba hacia la entrada del hotel, arrastrando lo pies—.
Naturalmente, algo haré —pensé—, y como me acordé de que mi amigo Facundo se había mudado a Buenos Aires, inmediatamente le escribí para ver si quería hacer algo, no sé, flashearla.

 20:00
Cambié turno con Joaquín, el otro recepcionista que acababa de llegar para relevarme:
—¿Qué hacés, man? ¿Todo bien? —Lo saludé—.
—Bien, con mucha fiaca, ayer salí con los pibes pero terminamos rotos mal.
Como sabía que andaba chamullándose una minita, le pregunté por ella.
—Va bien, eh —Noté emoción en sus palabras. Este se va a enamorar, me dije, lo conozco.
—Bien, brother, me alegro por vos.— Le dije— Nos hablamos, ¿dale, gato?
—Dale, gil, te veo el lunes.
Nos chocamos los cinco, y rajé del laburo.
Como todavía no tenía un plan para la noche, empecé con lo que yo llamo “relajarla”, y fui al quiosco de la esquina, me compré una birrita para ir tomándola de camino a la parada del bondi que me lleva desde San Telmo a Colegiales.
El cielo de verano, comenzaba a tornarse rojizo, anaranjado, psicodélico. El bondi no venía. Vibró  mi celular; tenía un mensaje de Facu: “Venite a casa. Valdenegro 2222 esquina Flor del aire 5to C.”
Dale gatoo” le respondí. En realidad no sabía exactamente donde quedaba su casa, pero me fijé en el GPS del celular y vi que era en el barrio de Saavedra. Por suerte, Facu se había mudado relativamente cerca de mi casa.
Como el bondi no venía, aproveché y volví al quiosco, compré dos birras de litro y puchos, como el quiosquerono tenía bolsas, esa excusa de la “onda verde ambientalista”, las tuve que llevar en la mano. En eso, ví que el bondi se acercaba. Pagué las birras y salí corriendo hasta la paradaalzando el brazo que tenía libre para que el bondi no se me escapara.
—¿Me dejás cerca de la calle Valdenegro?— Le pregunté al chófer.
—No, pibe. Te vas a tener que bajar en Cabildo y Larralde y de ahíte tomás otro colectivo o vas caminando—contestó.
—Uh, bueno. Un boleto, entonces, gracias.
Después de pagar mi boleto, fui al fondo del colectivo y encontré un lugar al lado de la ventana—mi ubicación preferida—, apoyé las botellas en el piso (sujetándolas con las piernas) y busqué mis auriculares. El trayecto a lo de Facu se me hizo placentero al ritmo de Americana  de The Offpring.
El bondi iba bastante rápido, y con la música a máximo volumen me sentía como si fuese en una Harley Davidson’72 a 100 kilómetros por hora por la Ruta Nacional 40. El paisaje citadino, gris, eléctrico y estimulante comenzaba a sufrir sutiles modificaciones que lo hacían más tranquilo y monótono a medida que abandonábamos el Centro de la ciudad.

21:00
Av. Crisólogo Larralde: la frontera Nuñez-Saavedra mantiene hasta hoy su original aire pueblerino. Me bajé del bondi y enfoquéderecho por Larralde hacia el este. La noche era perfecta: cálida y con suave brisa. El cielo estaba despejado. El entorno auguraba una buena noche de amigos y Play.
Como no sabía bien cuál era el otro bondi que debía tomarme para llegar a lo de mi amigo y, además, la noche se prestaba para caminar un rato para despejar la mente, pensé que ir caminando hasta Valdenegro era una buena idea.
Momentos más tarde me daría cuenta que no estaba en lo correcto.
Caminé varias cuadras por Larralde hasta Balbín y me dio la impresión de que alguien me seguía. Apuré el paso. Miré detrás de mí y un flaco remera de Platense me miró a los ojos y aceleró su paso también. No quería ponerme paranoico, pero empecé a correr.

21.45
Estaba a media cuadra de la casa de mi amigo sin celular, sin guita y ¡sin las birras!
Me afanaron —sí, afanaron, ya que también tuve el gusto de que se sumara al espectáculo la novia de mi perseguidor—. Ni me resistí, sacaron una navaja y les di todo.
Qué bronca me dio que ni siquiera me dejasen las birras… Eso sí que es voluntad directa y explícita de querer arruinarle la noche a una persona.
Pero bueno, ya estaba en lo de mi amigo, le contaría todo y despejaría la mente, no llevaba mucha plata conmigo y el celular… bueno, el celular era nuevo.
Ya en la puerta de la casa de mi amigo me dispuse a tocar su piso, así nos encontrábamos de una vez por todas.

21.55
Un momento. No me acordaba el número de mi amigo.
Al azar presioné el 3° B. Estaba seguro que era un número impar. Silencio.
4° B. Por las dudas de que el número correcto fuese par y yo estuviese equivocado.
La voz de una señora mayor —su timbre rugoso la delató— dijo:
—¡Hable! ¿Hola? ¿Hola?
No contesté. Sabía que Facu se había mudado solo y era imposibleque su abuela o bisabuela estuviese viviendo con él. No tengo nada contra las abuelas y la vida nocturna, quiero aclarar.
Probé con el 5° B, 5° A, 6° C…Ninguna de las voces que me atendió pertenecía a Facu.
Mientras me comía la cabeza intentando recordar el piso escuché la voz de la señora que me había contestado al segundo intento fallido.
—¡Seguí con esa cantinela que voy a llamar a la policía eh!
—Señora, discúlpeme, pero no me acuerdo el piso del departamento al que tengo que ir y probé con algunos pisos. No quise molestarla. ¿Usted sabe en qué piso vive Facundo Carpio?
—¡Acá no vive ningún Facundo Carpio! ¡Nos querés robar, voy a llamar a la policía!
—¡Señora, no le quiero robar! ¡¡¡A mí me acaban de robar!!!
Silencio. La señora me dejó hablando sólo.
A todo esto, oí a lo lejos las sirenas de un patrullero policial. ¡La vieja había llamado a la policía!
—¡Pensá rápido, pensá rápido! —me dije—.

22.05 hs.
Apoyé mis dos manos sobre el portero —abarcando la máxima superficie que pude, y al unísono chirriaron los timbres del quinto, del sexto, del primero, del segundo. Confiaba plenamente en que debíahaber presionado el timbre de Facu…

22.10 hs.
Vos. Mostrame tu DNI.— Me dijo el policía que acababa de bajarse del patrullero­ y estaba acompañado de otro agente que se quedó en silencio observando la situación.
—¿Qué pasó oficial?Respondí, con expresión tranquila.
Mostrame tu DNI, te dije.
No tengo, me lo robaron. También me robaron la billetera y unas birras.
Vas a tener que acompañarnos a la comisaría.
Pero, encima de que me roban tengo que acompañarlos, no hice nada. Vine a la casa de un amigo,¡tenía la dirección en el celular y me lo afanaron!
¿Y no te acordás en qué piso vive tu amigo? ¿Cómo se llama tu amigo?
—¡No! Se llama Facundo Carpio.
— ¿Y cómo pensás llamar a su timbre sin molestar a los demás vecinos? Nos llamaron diciendo que un chorrito estaba jodiendo con los timbres…
—Voy a tener que tocar todos los timbres de nuevo— le contesté, e hice ademán de volver a poner mis dos manos sobre la superficie del portero, era m última carta.
—¡Pero estás loco, pibe! ¡Te dije que no! ¡Listo, te llevo a la comisaría, me hartaste!
De repente, se oyó un ruido metálico. Eran las llaves de la puerta de entrada del edificio girando dentro de la cerradura.
La puerta se abrió. Era Facu. Lo miré, él nos miró, y cerró la puerta de un golpe.
—¡¡¡Facu!!!—grité—¡¡¡Abrime boludo!!!
El cana me miró con cara de “Fuiste, muñeco”. Y yo no podía creer lo que estaba pasando.
De pronto se abrió la puerta.
—¿Qué hizo? —preguntó Facu—.
—Anda boludeando con los timbres porque no se acuerda tu piso.
—Pasá, Nano. No pasa nada, oficial, es amigo mío.

Rocío Gonçalves Losa (23)
Abogada
rocio_goncalves@hotmail.com