Sed Contra 29

Algunas semanas atrás, estrenó en cines la película The Professor and the Madman —protagonizada por Mel Gibson y Sean Penn—, que relata la historia de James Murray como el primer editor de lo que luego se conoció como el Oxford English Dictionary. La película exhibe las muchas dificultades que representa la descomunal tarea de armar un diccionario que abarque todas las palabras del idioma. Y exhibe además que la tarea termina siendo imposible, porque todos los días se suman palabras nuevas.

Hace unos años, por ejemplo, si nos referíamos a una aplicación, no pensábamos en un software, sino en la acción de aplicar. Tampoco hace unos años teníamos registro de palabras como viral, posverdad, selfi, meme o sororidad; sin embargo, hoy se usan con habitualidad e incluso fueron ya receptadas por el Diccionario de la Real Academia Española.

Una de las vías más habituales por las cuales se incorporan palabras a un idioma es lo que se denomina préstamo lingüístico, que tiene lugar cuando una palabra o una expresión de un idioma es adoptada por otro idioma. Así, por citar los ejemplos ya mencionados, son préstamos del inglés los términos meme, viral y selfi (selfie).

Los préstamos lingüísticos se clasifican en dos grupos: extranjerismos y calcos semánticos. Mientras que el extranjerismo es un préstamo que se adapta poco a la lengua receptora: se utiliza tal como se recibe (viral) o bien se modifica mínimamente (selfi); el calco semántico, tal como su nombre lo indica, adopta el contenido semántico de una palabra o de una expresión extranjera, pero traduce su significado mediante palabras de la lengua de recepción. Por ejemplo, jardín de infantes (kindergarten, en alemán), rascacielos (skyscraper, en inglés) o efecto invernadero (greenhouse effect, en inglés).

En principio, el uso de calcos semánticos no es reprochable; por el contrario, terminan siendo palabras o expresiones que enriquecen el idioma y, al mismo tiempo, no representan inconvenientes para el usuario que, seguramente, se sentirá mucho más cómodo pronunciando jardín de infantes (en lugar de kindergarten) o rascacielos (en lugar de skyscraper).

Ahora bien, sí es reprochable la adopción de calcos que nada aportan al idioma de recepción, en nuestro caso el español, porque ya existen otras palabras o expresiones equivalentes en este idioma. En estos casos, en lugar de enriquecerse nuestro idioma, se empobrece: se reemplazan palabras en español por vocablos en otra lengua. A este tipo de calcos la Real Academia Española los denomina calcos semánticos censurables; y, por supuesto, desaconseja su uso. Veamos algunos ejemplos de este tipo de calcos, cuya utilización es tan habitual que probablemente se desconoce que su uso —con tal significado— es reprochado por la RAE.

  • Aplicar: calco del inglés to apply para referirse a “solicitar o postular, especialmente por escrito”. Así no resulta apropiado: “[l]as becas otorgadas por el gobierno escocés no se podían utilizar fuera de Escocia, de modo que apliqué a una beca para estudiar en Inglaterra” (de Pablo, Juan Carlos, Nobelnomics: Vida y obra de los ganadores del Nobel de Economía, 2017, pág. 246).
  • Bizarro: calco del francés o del inglés bizarre como sinónimo de raro, extraño. En español, la palabra bizarro tiene otros significados: a) valiente, arriesgado; y b) generoso, lucido, espléndido (DRAE). Así no resulta apropiado: “a un costo exorbitante, se levantó el Teatro Amazonas. Hoy es una insólita y bizarra singularidad cultural, algo así como el ʻunicornio de los teatros de óperaʼ” (“Locos por la ópera: cinco teatros para aplaudir de pie”, en La Nación, 10 de marzo de 2019).
  • Evidencia: calco del inglés evidence como sinónimo de prueba o indicio. En español, solo sería aceptable como sinónimo de prueba evidente, es decir, de una prueba clara y manifiesta. Así no resulta apropiado: “[c]abe señalar que quien pretenda la revisión de cierta acreencia en los términos de la LCQ 37 deberá aportar nuevas evidencias a partir de cuales sea posible reconsiderar lo anteriormente decidido respecto al crédito de que se trate” (Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, Sala F, “Colalao del Valle SA s/ incidente de revisión de crédito al crédito de Malatesta Isabel y Fraga Ezequiel”, expte. nro. 15837/15/6, 31 de octubre de 2018).
  • Editor en jefe: calco del inglés editor in chief como sinónimo de redactor jefe o redactora jefa. Así no resulta apropiado: “Tim Marquardt, editor retirado y editor en jefe del diario dijo que él había estado preocupado desde hace mucho por el historial de Ramos” (“Tiroteo en Maryland: acusan de cinco cargos de homicidio al atacante de un diario”, en Clarín, 29 de junio de 2018).

Terminada esta sucinta lección de lingüística, los invito a leer este nuevo número de Sed Contra. ¡Bienvenidos!

 

Lucas Abal

1 de julio de 2019