El amor no tiene edad. Ensayo crítico sobre Juanita la Larga, de Juan Valera

Por Martina Borelli.

La novela Juanita la Larga (1) transcurre en una típica ciudad rural española de Andalucía, nombrada por el autor con el nombre ficticio de Villalegre—topónimo que anticipa una trama cándida y sin sobresaltos—. Valera presenta la historia de dos amantes cuyo amor triunfa pese a la diferencia de edad que los separa y deja en evidencia que el amor prospera frente a todo condicionamiento.
La novela introduce la historia de Juanita la Larga, hija de Juana la Larga y de un oficial de caballería muerto en la guerra civil. Juanita es una hija extramatrimonial―dado que sus padres no se habían casado antes de que el oficial partiera a la guerra­―, condición que tiene un enorme peso negativo en un pueblo español de aquella época, conservador y de fuerte raigambre moral cristiana. Más allá de esta circunstancia, madre e hija lograron adoptar una buena posición social dentro de Villalegre gracias al trabajo y al talento de ambas. La paz que reina en el tranquilo pueblo, que nos remite al tópico del beatusille (2)español, se ve ligeramente perturbada por el florecimiento del interés amoroso hacia Juanita de don Paco, secretario del Ayuntamiento y mano derecha del cacique Andrés Rubio. En un comienzo, la joven protagonista antepone la diferencia de edad, mostrándose reticente y espantada al acercamiento de don Paco, pero luego se deja conquistar por las eruditas virtudes de su pretendiente.
La historia de Juanita y don Paco plantea como interrogante el amor romántico entre dos personas entre las cuales existe una diferencia de edad tal que los separa en diferentes generaciones.
Cabe mencionar que la consideración social de esta temática ha cambiado sensiblemente con el tiempo e, incluso, según sea la edad del amante joven, puede implicar grandes cuestionamientos morales. A su vez, esta cuestión ha sido bastamente reflexionada por la literatura, por ejemplo: Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez, y  La tregua, de Mario Benedetti, dos ejemplos latinoamericanos del siglo xx.
En estos casos, el contexto social reviste importancia al considerar que el amor requiere de cierta apertura y predisposición, lo cual se da más difícilmente cuanto mayor es la presión social, reflejada en la novela en los temores a la desaprobación social por parte de Juanita. Asimismo, es dable imaginar que en instancias sociales donde no existió una marcada condena, o bien hubo cierta aceptación por conveniencia ―como es el caso de los casamientos arreglados de la nobleza―, pudo existir un mejor ambiente para el florecimiento de legítimos sentimientos en una relación de estas características.
Respecto al contexto cultural, existe también un cuestionamiento moral e, incluso, una persecución jurídica, con relación a la edad del amante joven. Por ejemplo, existe en la Argentina el delito de estupro, que establece una edad mínima para que pueda considerarse la existencia de consentimiento sexual. A su vez, vemos claramente el dinamismo del aspecto social en el hecho que han existido reformas que cambiaron la edad necesaria de la víctima para que se concrete este delito.
El planteo de este tema nos conduce a un primer problema: ¿cuál es el límite para considerar que una diferencia de edad supera lo moralmente permitido? Sin dudas, el tema está relacionado con la concepción del ideal del amor de pareja y de su concreción en el matrimonio, la vida común y la convivencia, aspectos que intuitivamente tienden a considerarse más accesibles en el ámbito de una edad similar entre los consortes. Podría argumentarse que el hecho que exista una gran diferencia de edad provocaría que no se respetasen las diversas etapas de la vida, alterándose el normal desarrollo de la madurez personal en el afán de adaptarse a la realidad del miembro mayor de la pareja. En el caso de la obra bajo estudio, sin duda existe una diferencia de edad considerable entre los protagonistas, dado que Juanita tiene 17 años y don Paco es un realizado hombre de 53. Sin embargo, se describe a Juanita con un muy alto nivel intelectual, al punto de ser adoptada por doña Inés, la ilustrada hija de don Paco, como su “ministra intelectual”Su madurez, representada por su oficiosidad, le permite desarrollar su relación con don Paco con perfecta fluidez.
Además, no puede dejar de considerarse que, en una pareja de estas características, teniendo en cuenta la expectativa de vida de cada uno, es probable que el tiempo de vida que compartirán juntos sea reducido. Las leyes de la vida hacen pensar en las grandes posibilidades de que Juanita vaya a enviudar siendo aún muy joven, trayéndole esto un perjuicio económico. Sin embargo, queda claro que en esta relación reina un desinterés pecuniario. Así lo manifiesta Juanita, quien afirma que, en nombre del amor que siente por don Paco, está dispuesta a dejar todo lo que ha conseguido en Villalegre: “Nos casaremos, aunque rabie doña Inés de que yo no sea monja, aunque don Andrés te retire su favor, aunque se nos haga imposible la permanencia en este pueblo, y aunque tengamos que irnos por ahí, acaso a vivir miserablemente”(3).
Desde otra perspectiva, la relación de Juanita y don Paco se ve afectada también por la desigualdad social, dado que Juanita es hija de una madre soltera y trabajadora que si bien generó una importante riqueza a través de su labor, por causa de la hostilidad social no ha podido ascender a una clase más alta. Prueba de ello es la mala recepción social que tuvo el hecho que Juanita se vistiera de seda para la misa de Pascuas, entendiéndose pretensiosa de un status social al que no pertenece. Este obstáculo también termina por ser superado por los personajes en razón del amor, venciendo los prejuicios sociales.
Los personajes, en especial Juanita, se ven en extremo preocupados por el repudio social que generaría la unión entre los dos protagonistas. Así, Juanita lo expresa en la siguiente frase: “Y si el noviazgo no terminase en casamiento, ¿dónde iría yo a ocultar mi vergüenza, arrojada de este pueblo por seductora de señores ancianos?”(4). El problema que se plantea respecto a la diferencia de edad se relaciona de manera constante con la respuesta negativa que generaría en la opinión social, y no con una real incompatibilidad que surja de esa diferencia. A decir verdad, la condena social surge de la noción implícita de que pueda existir un abuso por parte de la persona mayor dentro de la relación o bien de un interés económico por parte de la menor. Se trata de un prejuicio social basado en la baja probabilidad de que una bella joven se enamore de una persona mayor.
Esta noción se relaciona con la conexión indisoluble que se pretende establecer entre el amor y el aspecto físico. Es decir, la identificación del amor con la belleza y, a su vez, de esta con la juventud. De acuerdo a esta concepción, es difícil concebir cómo una joven que conserva toda la belleza y vitalidad propias de la juventud puede entregarse a un hombre que no está, precisamente, en el apogeo de su apariencia física. Sin embargo, los personajes de la novela logran trascender este concepto. Si bien el narrador describe a don Paco como un hombre considerablemente apuesto, lo que logra cautivar a Pepita son las conversaciones que mantenían y que tanto aprendizaje le aportaban. Es esto lo que termina por enamorarla y subjetivar su visión del ser amado: “Para mí tu eres el más inteligente, el más joven y el más guapo”(5).Juanita se ve atraída por los encantos intelectuales de don Paco desde un comienzo, lo cual motivó como respuesta en él: “Yo no quiero instruirte, sino enamorarte. No aspiro a ser tu libro, sino tu novio”(6).La relación que entablan es fructífera y permite que  ambos aprendan del otro: Juanita se ve embelesada por la erudición de su amado y siente una gran admiración hacia él, mientras que don Paco se ve atraído por su fuerte carácter, fortaleza y talento.
La diferencia de edad entre los amantes y la condena social que suele implicar conduce a identificar ese tipo de relaciones con lo prohibido, circunstancia que puede tener un oscuro efecto vigorizante en el deseo. Por un retorcido misterio de la concupiscencia, la connotación socialmente negativa puede implicar que el objeto de deseo se vuelva aún más atractivo, aunque sea de un modo inconsciente. Esto se ve, con particular énfasis, en el personaje de Andrés Rubio, cuyo deseo por Juanita crece al conocer que su amigo y mano derecha, don Paco, la desea también, y especialmente al enterarse que este último es correspondido por la muchacha. En relación con don Paco, se conecta con el hecho de que Juanita aparece como ideal en una etapa avanzada de su vida, como un objetivo de difícil obtención, “…toda aspiración suya había sido hasta entonces modesta, prosaica y pacíficamente asequible (…) pero Juanita había venido en mal hora a turbar su alma y a aguijonear su fantasía”(7). Este tema también se ve reflejado en la siguiente cita: “La aparición tardía de lo ideal, casi muerta ya su juventud, y el nacimiento póstumo de aspiraciones que sólo por ella deben ser fomentadas, era lo que le traía tan desatinado, tan infeliz y tan loco”(8).
Juanita aparece como una diosa ideal de la juventud, tanto en las descripciones del narrador ―“era ya una guapa moza en toda la extensión de la palabra”(9) ―, así como también en la descripción de ciertas actitudes de los personajes, como los celos de doña Inés (quien también había sido muy hermosa en su juventud). Doña Inés, quien la adopta como su consejera espiritual y desea introducirla en un convento para cuidar su preciada castidad, es uno de los personajes que contribuyen a idealizar la imagen de Juanita.
El amor, de alguna forma, vitaliza y rejuvenece a los personajes, lo cual es retratado por el autor en gestos como el de Juanita que, al declararle su amor a don Paco, le hace una condecoración utilizando un listón de seda azul que tomó de su vestido: “Te declaro mi caballero y Gran Cruz de la orden de los celos disipados”(10). El amor los infantiliza y les proporciona cierta inocencia, equiparando sus edades y disipando sus diferencias.
El final feliz de la novela es muestra irrefutable de que el autor pretende mostrar que es posible que triunfe el amor entre dos amantes de tan disímil edad. Se establece una función sanadora del amor: don Paco se ve más joven, y el amor y la felicidad que este trae genera bienestar y vitalidad: “(Juanita) parece una princesa encantada, pues no pasan días por ella. Tampoco envejece don Paco, porque la felicidad mantiene, conserva y hasta remoza, y él es feliz de veras”(11).
Esta prosperidad se acentúa en oposición a la corrupción del cuerpo, causada por una vida de vicios y excesos, y personificada por el esposo de doña Inés, don Álvaro Roldán, cuyas impertinencias se ven reflejadas en un deplorable estado de salud: “El pobre don Álvaro Roldán es el que está muy averiado. Hace ya tiempo que se quedó lelo, paralítico y con los dedos engarabatados”(12). La misma doña Inés atribuye como motivo de este lastimoso estado al castigo de Dios por haber llevado una vida “tan depravada”.
Intentar condicionar al amor lleva necesariamente a su desnaturalización. El amor se opone a la racionalidad, al identificarse con el aspecto concupiscible del hombre, por lo cual no entran en su terreno las decisiones en base a la lógica, conforme reza el famoso aforismo de Pascal: “el corazón tiene razones que la razón no entiende”.
En conclusión, parece ser razonable inferir que cabe, en el misterio del amor, la posibilidad de una relación donde los amantes estén separados por una distancia generacional. No existen condicionamientos válidos y objetivos a los que el amor deba responder, ya que es propio de este sentimiento el atender a motivos que la razón no comprende. Afirmar lo contrario implica apegarse a un ideal del amor que no corresponde con la realidad. El amor conduce a la felicidad y la diferencia de edad no es un motivo capaz de privar a los amantes de esa dicha. Como lo indica Boris, protagonista de la película Whatever Works, de Woody AllenCualquier amor que puedas dar o recibir, cualquier felicidad que puedas proporcionar, toda temporal medida de gracia… lo que sea que funcione”.

Martina Borelli (21)
Estudiante de Derecho
martu_b2003@hotmail.com

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(1) Juan Valera, Juanita la Larga, Madrid, Clásicos Castalia, 1992.
(2) Expresión latinaque se traduce como “dichoso aquel que….”.Hace referencia a la alabanza de la vida sencilla y desprendida del campo frente a la vida de la ciudad. Es una de las cuatro aspiraciones del hombre del Renacimiento, junto con el Carpe diem, el Locus amoenus y el Tempus fugit.
(3) Valera, Op. Cit, pág. 228.
(4) Ibídem, pág. 114.
(5) Ibídem, pág. 229.
(6) Ibídem, pág. 231.
(7) Ibídem, pág. 215.
(8) Ibídem, pág. 215.
(9) Ibídem, pág. 90.
(10) Ibídem, pág. 231.
(11) Ibídem, pág. 291.
(12) Ibídem, pág. 215.